Me resulta imposible no comentar la emergencia ecológica que está viviendo nuestro hermoso planeta azul. Sus consecuencias ya llegaron al litoral, evidenciándose las primeras consecuencias dramáticas para los seres vivos, el hombre entre ellos.Debo declarar que no soy un ecologista acérrimo. Pero el sentido común (según algunos, el menos común de los sentidos) nos indica que debe compatibilizarse inteligentemente las necesidades de subsistencia y desarrollo del hombre, con la conservación del planeta que nos ha dado la posibilidad de existir.
Existe el concepto de “Magnitud del riesgo”, que básicamente mide el efecto combinado de las probabilidad de ocurrencia de un evento no deseado y sus consecuencias (gravedad). Si dicha magnitud cae en un rango intolerable, definitivamente es un riesgo que no debe ser asumido. Mucho me temo es el caso de la fuga de petróleo que está ocurriendo en las operaciones de British Petroleum en el Golfo de México.
Primera consideración: La magnitud del daño que puede ser causado, me da la impresión que aún no ha sido debidamente dimensionado. O, por lo menos, no ha sido divulgado en profundidad por los medios de comunicación masiva.
Segunda consideración: La reacción normal, es decir que los responsables deben hacerse cargo de los daños y de revertir la situación. No siempre es posible. Una empresa, que tiene un desastre como el que se comenta, puede tener hasta la mejor intención de hacerlo (nótese, sólo dije “puede”); pero existe la posibilidad que tengan limitaciones técnicas (no tan importante, pues ésta podrían ser contratadas a terceros que sí la tengan) y fundamentalmente, económicas y financieras. Si la empresa tuviera que dedicar todo su patrimonio a resolver el problema y ni así fuera posible hacerlo, la empresa se va a la quiebra. Producida la quiebra, ya no existe la empresa y por lo tanto, legalmente ya no existe el responsable. Y el petróleo sigue saliendo y contaminando.
No cabe otra alternativa que sea el Estado quien asuma la responsabilidad, no penal, pero moral y para evitar daños mayores. Pero…..¿y si el problema no tiene solución? Seguirá saliendo el petróleo, no hasta el infinito, pero hasta que se agote el yacimiento. Consecuencias: exterminio de especies, zonas de mar y playas sin especies vivas, llenas de petróleo, ciudades enteras que tengan que trasladarse, perdiendo las personas sus pertenencias y fuentes de subsistencia….
Me parece una “Magnitud del riesgo” intolerable.
Segunda consideración complementaria: Si ya la empresa no puede responder, que lo hagan las personas responsables, y que se vea comprometido su patrimonio (esto es ficción, pues si no hay responsabilidad penal, las empresas responden hasta en monto de su patrimonio, pero no con el patrimonio de sus ejecutivos, trabajadores o accionistas).
En esta ficción, supongamos que pierden todo y los mandamos presos. Pero el petróleo sigue emanando del fondo del mar.
Tercera consideración: Para que un riesgo sea controlable, deben haber medidas que, producida una emergencia, se implanten rápidamente para controlar el siniestro y minimizar sus efectos. Es cosa, nuevamente, de sentido común. Pero lo insólito es que, en este caso, una vez producida la explosión (que no nos olvidemos, dejó 11 muertos), se empezaron a diseñar e implantar soluciones para detener la fuga, y que hasta donde sé, aún no han dado resultados satisfactorios (ayer salió la noticia que se logró mitigar la fuga, pero no detenerla). O sea, no se estaba preparado para una situación de esta naturaleza que, aunque de probabilidad remota, me imagino se sabía podía ocurrir. Esto me parece inaceptable.
Cuarta consideración: Algunos incidentes con características similares han ocurrido en el pasado. Pero éste tiene una especial connotación dada la profundidad que tiene el pozo (a unos 1.600 metros).
¿Qué se puede hacer?
Lo dicho: si una actividad económica o humana tiene una magnitud de riesgo que es intolerable, dicha actividad debe ser proscrita. Prohibida en todos los países del mundo. Podría ser el caso de la explotación petrolera marina, o las plantas nucleares cercanas a centros poblados (no me opongo a lugares como el desierto de Atacama, ubicadas en zonas no pobladas y usando parámetros de seguridad que estoy seguro los entendidos deben conocer).
Esto sería económicamente un desastre, dirán algunos. Sí, pero desastre transitorio, que debería aceptarse en aras a un bien mayor.
Existe una fuente de energía “casi” inagotable: el sol (se agotará algún día, pero cuando esto ocurra, de lo menos que estaremos preocupados es de estos temas tan terrenales). Otra: el viento. Una tercera: el agua (hidroeléctrica, que algún impacto ambiental puede tener pero me parece un tema manejable). Y por nombrar otra, el agua para producir hidrógeno.
Ya sé que hoy por hoy son energías más caras. Pero están ahí, y si no se han usado más intensamente como debería haber sido, probablemente se deba a:1) Intereses económicos de quienes viven del petróleo y sus relacionados, 2) Falta de visión o de decisión política de quienes deberían haber asumido un rol protagónico en el tema (los líderes mundiales) 3) Otros (miopía, apatía, irresponsabilidad, tomar actitudes como el “dejar hacer” o “después de mi, el diluvio, etc).
Cualquier medida que se adopte en un sentido positivo para tener en general tecnologías sustentables y ecológicamente amigables, probablemente repercutirá en nuestros bolsillos, por lo menos en el futuro inmediato (a la larga, supongo será más barato para la humanidad). Pero considero que es el costo por el mero hecho de existir y lo más importante, tener probabilidades altas que la vida en la Tierra siga existiendo.
Sería injusto decir que no hay preocupación por el tema. Se habla de él, y se van tomando algunas acciones, pero insuficientes y a un ritmo cancino. Parece ser la hora de poner el pié en el acelerador, y si los hechos del Golfo de México sirve para ello, por lo menos se obtendrá algo positivo del desastre que estamos viviendo.








